Resucita al Niño Juan Alonso Moreno Gordillo

Conforme se escribió en la introducción de esta parte de los milagros de la Virgen del Valle, pareciera que los viejos y venerados pasajes evangélicos revivieran junto a esta Imagen amada de la Santísima Virgen María, pues también se puede hablar de resurrecciones.

Ocho muy calificados testigos declararon, bajo juramento, lo que sabían de los dos milagros que separadamente se narran.

Don Ignacio Moreno Gordillo, conocido y respetado vecino de Santa Cruz (actual distrito del mismo nombre en Valle Viejo) vivía en sus heredades rodeado de cierto bienestar, pero sumamente afligido pues de sus dos hijos había perdido uno y he aquí que un día se enferma gravemente el segundo. Con sus vecinos pone gran empeño y atención en buscar medicamentos y proporcionarle cuidados, mas todo deviene inútil pues el niño muere. Don Ignacio y su mujer, abrumados por la desgracia y el pesar, cargaron con el cuerpo del niño muerto y emprendieron rumbo a través de cuatro leguas en dirección a la ciudad de Catamarca, para depositarlo a los pies de la Virgen del Valle, con la confianza de que Ella lo podría resucitar.

Mientras caminaban hicieron la formal promesa de que si vivía lo consagrarían a su exclusivo servicio como sacerdote y capellán del Santuario.

Llegan por fin a la ciudad, cansados y llenos de polvo; el cuerpo del pequeño difunto  ya estaba endureciéndose.

Al saberse el arribo de los dolientes peregrinos, llegaron también hasta la iglesia algunos vecinos. Se les proporciona llegar hasta los pies de la milagrosa Imagen donde depositan el cuerpecillo. Y ¡oh bondad maternal! El cadáver se mueve… se anima… el niño de nuevo vive. Los padres, con el corazón lleno de luz y gozo, sacan vivo a su pequeño, al que llevaran cadáver en medio de la pública admiración y alegría.

Cuando el niño creció, sus padres lo enviaron a la Universidad de Córdoba. Estando en aquellos estudios, sintió Juan Alonso (así se llamaba el agraciado de la Virgen) cierta inclinación al estado religioso, por lo que pidió permiso a sus progenitores para ingresar en una Congregación religiosa; ellos, al tener noticias de su determinación, sintiéndose contristados, pues se frustraba lo que habían prometido a la Santísima Virgen del Valle: que se consagrara íntegramente a su culto y servicio como sacerdote secular.

Por eso, los buenos catamarqueños demoraron algún tiempo en dar la contestación, con lo que se verificó otro prodigio, pues al fin el joven vendría a ser sacerdote de Nuestra Madre del Valle.

Cierto día, el joven estudiante advierte molestias en los ojos, busca curación, pero el mal aumento y la vista disminuye. Siguen los médicos administrándole medicamentos, pero no obstante todos los esfuerzos el mal progresa hasta dejarlo completamente ciego. No obstante el resultado negativo, los facultativos no cesan en su intento de volverlo al estado normal, pero el afligido paciente llaga por fin a la conclusión de que todo es inútil.

Entonces, lleno de angustia por su desgracia, piensa en su vida, en su futuro lleno de sombras, en sus padres… y recuerda que muchas veces le habían dicho que él estaba ofrecido al servicio de Nuestra Señora del Valle. ¿No querría ahora la Santa Virgen manifestaciones de tal modo no le convenía tomar el estado Religioso, sino ordenarse de clérigo secular y venir a prestar servicios en su iglesia, conforme la promesa de sus padres?

Pide entonces fervorosamente a la Virgen del Valle que lo cure de la ceguera, prometiéndole ser su sacerdote y capellán. Y la Santa Madre escuchó piadosa su ruego, como había escuchado a sus atribulados padres, pues sin aplicarse después ninguna medicina recuperó la vista, contra la general opinión de los médicos que lo atendieron. Luego se ordenó sacerdote cumpliendo su promesa, de modo que vino a ser el Presbítero Dr. Juan Alonso Moreno Gordillo, que se desempeñó como Cura Rector propietario de la iglesia Matriz de Catamarca, cargo que ocupó hasta su muerte.

Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.