Resucita a la Niña Ana de la Vega

El General Don Antonio de la Vega y Castro, tuvo una hija llamada Ana, la que, de corta edad, enfermó gravemente, falleciendo poco después.

El padre estaba ausente de su casa, y al tener noticias de la desgracia, llegándose a su domicilio, daba amorosas y sentidas quejas a Nuestra Madre del Valle, porque Ella no debía permitir tamaño desconsuelo, pues era hija única en quien tenía puesto todo el afán de su vida y le parecía que no debía morir.

En su Historia, el Padre Larrouy escribe: “como precisando a la Soberana Reina, con su indiscreta aunque sencilla porfía y especie de impaciencia, le decía que sin falta alguna, supuesto que era su Señora y tan poderosa y quien le tenía por su Madre y protectora, no había de salir desconsolado. Diciendo esto, de contado tomó en brazos el cuerpecito y lo llevó a la iglesia (cosa de media legua).

En tales circunstancias, y ante tan desconsolador, acompañaban al General varios amigos y vecinos y otros tantos se reunieron en la iglesia, no sin curiosidad de ver cómo terminaba aquello, conociendo, como conocían, al español de espíritu tan fogoso a la par que buen cristiano”. El historiador termina su nota diciendo estas escuetas y sencillas palabras: “Y puso (el cuerpo) cerca del nicho de Nuestra Señora del Valle, y allí, con asombro de los que le acompañaban, la sacó viva y sana”.

La niña en quien se verificó milagro tan grande, creció sana y robusta, casándose después con Don Juan Bernardo de Nieva y en segundas nupcias con Don José de Cabrera. Vivió muchos años, y murió repentinamente, un día antes de la octava de  Nuestra Señora, cuando preparaba personalmente unas velas de cera.

Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.