Sana de su ceguera al Presbítero Dr. Pedro Ignacio Acuña
El 11 de marzo de 1889, los señores Vicario Foráneo Don José Facundo Segura, Don Félix Avellaneda y Don Odorico Esquiú, se reunieron en la casa de la señora María Antonia Soria de Narváez, con el objetivo de hacerla prestar una declaración jurada sobre algunos hechos milagrosos que privadamente había manifestado conocer. Ante la presencia de tan respetados señores, el primero en representación de la Iglesia, y los restantes como testigos, la mencionada señora prestó juramento de decir verdad de cuanto supiera en lo referente a los milagros de Nuestra Señora del Valle.
Corría la voz de que el Presbítero Doctor Pedro Ignacio Acuña, había recobrado la vista repentinamente por intercesión de Nuestra Madre del Valle. El señor había fallecido, pero quedaba entre sus parientes más cercanos esta señora, que al ser preguntada al respecto contestó: “Que hallándose en la cama convaleciente de una enfermedad de erisipela de erisipela, un día el expresado Dr. Acuña, a eso de las siete a ocho de la mañana, reclamaba con insistencia que le abriesen la puerta de la habitación porque no veía nada, y como la deponente le expresara que la puerta estaba abierta, él se convenció de que estaba privado de la vista, exclamando con amargura: “¡Estoy ciego!”
El enfermo permaneció en ese estado, sin aplicársele ningún remedio, hasta que por la tarde el Cura de la Matriz y el Clero, acompañados por muchos devotos, llevaron procesionalmente la Imagen de la Virgen a la casa del enfermo, no obstante la oposición que hiciera por no creerse digno de recibir en su casa a la Virgen.
Prevenido que ya llegaba, encargó al hoy finado Baltasar Narváez que le hiciera indicar dando el frente a la Imagen. Luego que entró la Virgen, fue colocada en una mesa preparada para recibirla; el enfermo postrado de rodillas, oró en silencio un corto tiempo, después habló en voz alta a la Virgen para pedirle que, si convenía, le concediera la vista perdida y si no, que le diera resignación para soportar aquella desgracia, expresando su petición de tal manera que conmovió a la concurrencia.
Aún no había acabado de hablar cuando manifestó, en medio del asombro de todos, que empezaba a distinguir a la Virgen, y al poco rato, ya veía perfectamente, quedando por completo sano, siendo notorio que no se le había aplicado ningún remedio. Agregó la exponente que sabía todo por haberlo presenciado cuando vivía en la casa del enfermo, que era tío carnal.
Este milagro de la Santísima Virgen del Valle está escrito en el libro primero del Registro de Favores otorgados por Nuestra Madre, al pie del relato se encuentran las firmas de los señores arriba mencionados y de la señora declarante.
Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.