El nicho abierto

Entre los hechos extraordinarios en la Historia de Nuestra Señora del Valle, que pasaron de generación en generación, conservándose en los detalles con la frescura de los acontecimientos próximos, se encuentra el prodigio de “El Nicho abierto”, también narrado por los autorizados testigos en la Información de 1764.

Lo que a continuación se relata, ocurrió posiblemente cuando la Imagen de Nuestra Señora aún se encontraba en el pueblo del actual Valle Viejo.

La septuagenaria Doña Ana Sarmiento de Barros Sarmiento, que declara también en la resurrección de la niña Ana de la Vega, es la que principalmente refiere el hecho.

Una mujer santiagueña, casada con un tal Zurita, padeciendo por algún tiempo una grave enfermedad, vino a sanar repentinamente con sólo el remedio de su invocación confiada y fervorosa a la Virgen del Valle de Catamarca, por quien sentía gran devoción. Al pedirle la salud, en cumplimiento de la promesa hecha, salió de Santiago del Estero en compañía de dos hijas suyas, Beatriz y Ana. Llegaron a Catamarca, viajando a través de la Sierra del Este, bajando hasta el Valle por la cuesta de Santa Cruz. Luego, para ofrecer mayor sacrificio a la Madre del Cielo, hicieron a pie los doce kilómetros que les quedaba hasta llegar al Santuario. Era relativamente corta la distancia, pero como el camino corría sobre pesados y removidos arenales, les fue sumamente penoso el recorrerlo. Por fin llegaron a la iglesia con vivas ansias contemplar a la Soberana Bienhechora.

Entran al templo, cansadas pero llenas de alegría, mas la Imagen estaba completamente invisible en su nicho, pues la puerta se encontraba cerrada. Llaman al Sacristán y le manifiestan que vienen de muy lejos para ver a la Sagrada Imagen pues quieren agradecerle un señalado favor recibido por su intercesión poderosa.

El Sacristán les explicó que el nicho estaba cerrado con llave, la que guardaba el señor Cura. Piden ver al Cura Párroco, pero el empleado termina informándoles que el sacerdote salió de cacería por las sierras del Ambato y tardará algún tiempo en volver. Esto significa una espera de días, quizás semanas… y ellas sin duda no podrían quedarse mucho tiempo en el Valle, comenzaron a lamentarse de no poder contemplar a la que con tantas ansias, amor y gratitud, venían a visitar.

Al verlas entrar a la iglesia y conocer su propósito, se allegarían también vecinos al templo, y allí quedarían también vecinos al templo, y allí quedarían observando aquel dolor impotente contra la imprevista desgracia de no poder mirar a la Reinecita del Valle.

Estaban, pues, las peregrinas orando y sollozando, cuando repentinamente reventaron saltando las cerraduras y se abrió el nicho quedando del todo visible la milagrosa Imagen, ante el general asombro.

El hecho, verdaderamente portentoso, se difundió por todas partes y su recuerdo quedó muy vivo a pesar de “Haber sucedido en años tan atrasados” como dice la declarante.

Después de ocurrir el prodigio, permaneciendo allí las afortunadas romeras santiagueñas y quienes habían visto el portento, rezando y contemplando la milagrosa Imagen por espacio de varias horas.

Entonces el sacristán, temiendo alguna sería reconvención del señor Cura Párroco, trató de cerrar el nicho, pero inexplicablemente no pudo conseguirlo por más esfuerzos que hizo.

De modo que allí se quedó de guardia con algunos otros vecinos hasta que regresó el Párroco.

Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.

Lienzos: N. Orlandi 1941, Rafael Francisco Orlandi.

Fotos: Lizzi Romero