Sana a Doña Lorenza de Arce
Doña Ana de Barros Sarmiento, declaró en la Información jurada de 1764, entre otros prodigios obrados por Nuestra Madre del Valle, aquel con que favoreció a una afligida parturienta.
El extraordinario suceso tuvo lugar en la ciudad de La Rioja. Allí vivía una respetable señora: Lorenza de Arce, mujer de Don Santos de Toledo. Llegaron para ella los momentos angustiosos de dar a luz.
Era el primer hijo, y el parto se presentaba sumamente difícil. Llamaron entonces a cuantas parteras conocían en la ciudad y alrededores, pero todas coincidían en diagnosticar que se trataba de algo inusual y desesperado. Es un caso sin remedio, es un caso perdido, dijeron todas. No disponemos de medios ni de médicos que puedan operarla –aclararon-; si no es por un milagro, su esposa morirá, dijeron al acongojado marido.
Doña Lorenza había escuchado en parte aquellas conversaciones, sintió que sus fuerzas la iban abandonando, como si la vida huyera de su cuerpo.
Floreció entonces su alma torturada y su cuerpo dolorido en una ferviente plegaria. Pidió a la Santísima Virgen del Valle la auxiliadora en el trance. Sólo Ella podía hacerlo. Si la escuchaba –le prometió- la visitaría en la Iglesia Matriz.
Inmediatamente sucedía el prodigio. De inesperada y rápida manera todo pasó con absoluta normalidad. Cuando el vagido robusto y sano del niño llenó de melodías el aposento, al pánico y angustia de los presentes los reemplazó un asombroso paralizador.
Todos se decían ¿cómo fue posible? Es un milagro, un gran milagro de la Virgen del Valle, repetían una y otra vez cuando supieron por labios de doña Lorenza que ella había invocado a la Virgen para que los salvara de aquella muerte segura.
“La misma favorecida con tan señalado prodigio me lo contó”, terminó diciendo doña Ana de Barros Sarmiento.
Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.