El milagro del algodón apagado
He aquí el milagro realizado en favor y en el hogar del mismo Manuel de Salazar.
Un día –testificó un pariente del vizcaíno- se declaró un gran incendio en la pieza en que Salazar había depositado la cosecha del año. Con ojos espantados mira el pobre anciano, perdido en pocos minutos los múltiples afanes de su trabajo de labriego, desastre al que se sumarían pobreza y sufrimiento.
Se quemaría irremisiblemente todo el algodón.
Pero no, en ese instante cruzó por su mente la visión de la Madre del Cielo cuya Imagen tenía en la repisa de su cuarto. Así como había hecho milagros mayores, bien podía hacer éste de apagar el algodón que se incendiaba. Impulsado por su fe profunda, la toma en sus manos, y poniéndola sobre el algodón que ardía por todas partes, dice aquellas palabras llenas de confianza: “Apaga, Madre mía, este incendio, pues no hay razón para que yo pierda todo estando Tú en mi casa”.
El prodigio se verificó instantáneamente pues al punto se extinguieron las llamas. Los vecinos que habían acudido, no tanto para apagar el incendio, cosa imposible tratándose de algodón en copos fofos y dispersos, sino más bien para consolar a Don Manuel por su pérdida, sólo vieron como vestigio de lo que había ocurrido, una mínima porción de algodón algo ennegrecido por arriba.
La noticia del milagro corrió por todos los vecinos y pasó las fronteras del Valle, por lo que la Imagen comenzó a ser conocida en las distintas poblaciones de entonces.
Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.
Lienzos: N. Orlandi 1941, Rafael Francisco Orlandi.
Fotos: Lizzi Romero