Extermina las plagas del gusano y la langosta

Corría precisamente el año 1764, y eran las vísperas del comienzo de la Información Jurada sobre los milagros conocidos por tradición con que Dios había favorecido a estos pueblos mediante la intercesión de Nuestra Señora del Valle.

Este año se había producido devastadora e invencible, una voraz plaga de gusanos, de tal manera que se tenían por perdidas las sementeras de algodón, en aquel tiempo el producto principal entre las cosechas de los labriegos.

Llegó el 25 de marzo, día en que, por estar dedicado a la Santísima Virgen, previa misa solemne y procesión, debían comenzar los trabajos de la ya mencionada Información de los milagros.

Los cristianos colonos pusieron toda su alma en las plegarias impetratorias que dirigían a la Madre del Valle mientras la paseaban por las calles… Pedían el exterminio de la plaga y la salvación de sus cosechas.

Amanece el día siguiente y, como de costumbre, los vallistas, muy de mañana, se dirigen a sus heredades. Cada día que pasaba mostraba más patente los destrozos del flagelo. Algunos llevaban cierta esperanza, pero los más pensaban encontrar todo destruido.

Pero, ¡oh prodigio! En aquel día los algodonales están frondosos y lozanos, como si nunca hubieran sufrido la peste; ¡ni una planta marchita! También las demás mieses se balancean al soplo de la brisa con gallardía y hermosura.

Asombrados, examinan los terrenos, las plantas, sus raíces, y pueden constatar que el gusano ha desaparecido por completo sin dejar ni rastros de su paso. ¡La Virgen del Valle nos ha escuchado!, fue la voz de los labradores que allí mismo elevaban sus plegarias de agradecimiento a tan Buena Madre.

En cuanto a las terribles mangas de langosta, Don Samuel Lafone y Quevedo, en su “Historia de la Virgen del Valle”, escrita en 1897, dice: “Plaga no menos funesta ha sido siempre la langosta; no es extraño pues que con instancia y repetición, se haya ocurrido al amparo y protección de la Virgen del Valle, una y cuantas veces haya amenazado este flagelo.

Pocos años antes de 1764 vino este poderoso enemigo talando casi todo bosque del Valle, dejando a los pobres moradores sin esperanza alguna de que sus haciendas y mieses escapasen de tan formidables mangas de langosta.

Los viandantes trajeron las noticias de que este espantable ejército se venía acercando a esta ciudad y cuerpo de las haciendas, sin haber perdonado las haciendas de abajo ni aun el campo, los árboles silvestres y pastos por donde transitaba. Con estas noticias, y ciertos los vecinos de que no habían defensa humana, ocurrieron con una misa de rogativas a Nuestra Señora, suplicándole los librara de tamaño mal. Esa noche había llegado la langosta a la orilla de la ciudad. Se cantó la misa y calentado ya el sol, advirtieron que no aparecería y vino la noticia de que, de la orilla había desaparecido y otros contaron cómo las vieron volar al sud”.

De este modo protegió Nuestra Señora las verdes porciones del Valle, en que cimentaban sus esperanzas de alimento y bienestar para todos sus moradores.

Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.

Lienzos: N. Orlandi 1941, Rafael Francisco Orlandi.

Fotos: Lizzi Romero