Sana a Don Melchor de Sánchez y Vera
Aconteció en dos días en que se levantaba la información de los milagros de Nuestra Señora del Valle.
Había sido llamado a declarar sobre lo mucho que sabía un varón de gran prestigio entre los pobladores del Valle: el Maestre de Campo Don Melchor Sánchez de Vera.
Su presencia entre los testigos produjo admiración, suscitando a un tiempo una respetuosa y sentida compasión por su estado. Iba ya para doce años que don Melchor Sánchez de Vera se encontraba poco menos que recluido en su casa, sufriendo gravísimos dolores. Los padecía en las coyunturas de los brazos y piernas, y eran a veces tan pertinaces y agudos que lo obligaban a guardar cama.
Sólo unos pocos días durantes el año anterior (1763) lo dejaron un tanto en paz sus dolencias; pero luego volvió el mal más cruel y agudo que nunca. Y así estaba cuando llegó a la sala de declaraciones.
Ante el Juez testificó de numerosos milagros que conocía. La información estaba ya a fojas treinta. El Juez su declaración y fue invitado a jurar y firmar. Juró con voz llena y varonil, por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios. Pero cuando hubo de firmar se vio en gran aprieto. Desde hacía tiempo se persignaba, firmaba y comía con la mano izquierda, por cuanto mano y brazo derecho le estaban quedando completamente inútiles a causa del mal.
A la sazón hizo un gran esfuerzo para firmar con la mano derecha. Todos los presentes vieron cuán trabajosamente firmaba. Luego se retiró.
Cuando salía de la presencia del Juez de la Información, algunos pretendieron ver en Don Melchor una alegría repentina y hasta les pareció que caminaba con soltura y agilidad. Estaban en lo cierto. Se había verificado un prodigio. Era el veinticinco de abril de mil setecientos sesenta y cuatro.
Pocas horas después volvió Don Melchor Sánchez de Vera para declarar con juramento que la Virgen del Valle lo había curado repentinamente, premiando el esfuerzo que hiciera para firmar con la mano derecha lo que había testificado sobre sus mercedes. Puesto allí delante del Juez, el Maestre de Campo Don Melchor Sánchez de Vera, juró solemnemente tocando la Cruz y Dios Nuestro Señor, que inmediatamente después de haber firmado desapareciendo de modo repentino todos los dolores que hacía doce años lo venían acongojando. Y que desde esos momentos se encontraba sano como en los mejores años de su vida. Y que estaba completamente convencido de que la Virgen del Valle había obtenido del Cielo un gran milagro en su persona, por lo que le expresaba su infinito agradecimiento.
Y en verdad que la Virgen del Valle lo había curado de modo súbito y completa. Desde ese día no volvió a sufrir dolores.
Es que la Virgen del Valle nunca desoye las súplicas de cuantos le ruegan; ni deja sin recompensa a sus hijos buenos.
Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.