Sana a un tullido
Uno de los muy lejanos prodigios de Nuestra Madre del Valle, pero que siempre vive en el corazón de los devotos, es el obrado con Don José Correa de Aguilera. Ocurrió por 1790.
Don José Correa de Aguilera era hijo de don Bernabé Correa y Navarro. Era el caso que Don José Correa de Aguilera había nacido baldado. Tenía una pierna seca y pegada al muslo. Sus padres sufrían la tortura de aquel infortunio con ánimo sereno y esforzado. El niño no tenía curación posible.
Sólo un prodigio, un milagro muy grande podía liberarlo de su mal.
Llegó el pequeño José a los cinco años, totalmente imposibilitado para caminar. El diminuto paciente miraba con tristeza a los niños de su edad correr y jugar, mientras él se estaba allí quietecito como una flor marchita.
Un día de tantos llegó a la casa su padrino de bautismo. Era el Presbítero Don Luis de Medina y Lazo. Como siempre conversó con su ahijado y trató de distraerlo. ¿Cómo te va, Pepito? –le preguntaba-, y el niño, con su quebrada voz de cristal, le respondía invariablemente: Triste, mi padrino, Señor Cura… no puedo jugar…
Aquella vez, hondamente contristado, el sacerdote llamó a los padres del pequeño y les dijo: “Tenemos que pedir a Nuestra Señora del Valle quiera curar al niño. Su bondad de Madre nos escuchará.” ¿Cómo haremos? Le interrumpieron los esperanzados padres. –Le cantaremos una solemne misa, llevándole como presente una piernecilla de cera –explicó el sacerdote.
De inmediato comenzaron los preparativos del caso. Se purificó de forma adecuada la amarilla cera y se preparó el simbólico ex-voto. También se purificaron las almas para sentarse al Banquete Eucarístico, ya que tal es la manera más segura de agradar a la Santísima Madre de Dios.
Y fueron allí a los pies de la Virgen del Valle. Antes de comenzar el Oficio Sagrado, mandó el señor Cura poner al niño sobre la tarima del altar.
Momentos de hondo fervor. Los presentes desgranaban sus plegarias junto al trono de la milagrosa Imagen pidiendo la salud del pequeño.
Apenas había terminado la Santa Misa cuando se realizó el prodigio.
Mira… –dijeron los vecinos reunidos-, mira… el niño… milagro… el niño se ha puesto de pie.
Efectivamente. El pequeño José, curado de repentina y prodigiosa manera, comenzó a caminar solo y así bajó con paso firme de la tarima a que había sido llevado.
La Virgen del Valle lo había sanado. Premió la fe de sus padres y de su buen padrino. Los presentes se desconcentraron bendiciendo el nombre de la Santa Virgen, nuestra Madre del Cielo.
Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda.