Bula- Lema del Jubileo 2025
Todo Jubileo tiene un lema y una bula papal que lo convoca. El del 2025 va a estar dedicado a la esperanza, tal y como lo ha anunciado el papa Francisco ante los hechos que van sucediéndose en la historia reciente y que son un reto a la humanidad: la pandemia reciente, la «pobreza galopante» de muchos, las guerras… Por ello, «el próximo Jubileo puede ayudar mucho a restablecer un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento que todos percibimos como urgente» (Carta del papa Francisco del 11-II-2022). El lema jubilar, respondiendo a esta necesidad es «Peregrinantes in Spem / Peregrinos de la Esperanza». Nos recuerda un elemento fundamental de todo año jubilar, la peregrinación, que en los Jubileos de la Encarnación tiene como meta Roma, la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo.
La bula de convocatoria del año santo ha visto la luz el 9 de mayo de 2024 y toma su título de una expresión de la carta de san Pablo a los Romanos: Spes non confundit / La esperanza no defrauda (Rm 5,5). En ella se determina el inicio y el fin del jubileo que comenzará con la apertura de la puerta santa el 24 de diciembre de 2024 y culminará el 6 de enero de 2026. En las diócesis se abrirá el 29 de diciembre de 2024. La estructura de la Bula en breves cinco puntos es muy sugerente: «Una Palabra de esperanza», «un camino de esperanza», «signos de esperanza», «llamamientos a la esperanza» y «anclados en la esperanza».
Una mirada a lo esencial de la bula nos hace descubrir, en primer lugar, el fundamento de nuestra esperanza: el amor de Dios que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz y derramado con el Espíritu Santo en nuestros corazones. Pero Dios también nos ofrece señales de esperanza en nuestro tiempo y es tarea nuestra, muy especialmente de los laicos insertos en la trama del mundo, descubrir los signos de los tiempos «que contienen el anhelo del corazón humano, necesitado de la presencia salvífica de Dios» para transformarlos en «signos de esperanza» (n. 7). La bula pone el foco en aquellas situaciones que reclaman hoy signos de esperanza: la causa de la paz, la acogida de la vida humana, los que viven en condiciones de penuria: los presos, los enfermos, los jóvenes, los ancianos, los migrantes y los pobres. Todo Jubileo, a la luz de sus raíces bíblicas tiene un contenido social ineludible: restauración de la justicia, atención a los necesitados, ejercicio de la misericordia… Por ello, el papa como un gran profeta de nuestro tiempo, hace «llamamientos a la esperanza» desde su puesto de centinela, invitando a compartir los bienes de la tierra y a perdonar las deudas: «Si verdaderamente queremos preparar en el mundo el camino de la paz, esforcémonos por remediar las causas que originan las injusticias, cancelemos las deudas injustas e insolutas y saciemos a los hambrientos» (n. 16).
La esperanza no sería tal si no atraviesa el umbral de la muerte y alcanza la vida eterna donde está el «ancla» que nos da seguridad en las tormentas del mar fragoroso de esta vida terrenal (cf. Heb 6,19). Así, en el corazón de todo año santo está la gracia de la indulgencia a la que se accede por el sacramento de la penitencia unido a la peregrinación a los lugares jubilares en Roma y en cada diócesis. La misericordia sin límites que se experimenta en la indulgencia plenaria remueve los residuos del pecado y renueva nuestra vida para que sea signo de esperanza. También puede ofrecerse por los fieles difuntos, pues es necesario «rezar por quienes han finalizado su camino terreno; solidarizándose en la intercesión orante que encuentra su propia eficacia en la comunión de los santos» (n. 22).
Fuente: P. Rafael Delgado Escolar, Cruzado de Santa María.