Saludo Final de Monseñor Urbanc
..en estas fiestas de conmemoraron los 130 años de la coronación pontificia de la sagrada imagen de la Madre del Valle, “la que tanto bien hace mirar y contemplar, pues en ella podemos sumergir nuestros pensamientos y confiar los sentimientos más profundos del corazón. Tenemos la confianza que nos comprendes, escuchas e intercedes por nosotros ante Dios, nuestro Padre y Señor. Muchas gracias por estar junto a tu pueblo, junto a tus hijos e hijas, junto a los más necesitados, junto a los niños y ancianos, junto a sanos, enfermos y moribundos, junto a los seminaristas, consagrados/as, diáconos, sacerdotes y obispos, junto a quienes fungen el servicio de la autoridad en nuestra sociedad a través de los tres poderes, junto a los médicos y personal de enfermería que tanto se vienen entregando en este largo año de pandemia, junto a los servidores del orden, junto a tantos empleados en diversos ámbitos de trabajo, junto a los docentes que se prodigan para mantener viva la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes y junto a nuestros queridos papás y mamás abrumados por tantas tareas, limitaciones y necesidades. A todos, querida Mamá Achachita, danos la gracia de crecer en fe, esperanza y caridad; que todos anhelemos la santidad como la trabajó nuestro querido fray Mamerto Esquiú; que tengamos la dicha que este año se concrete el rito de su beatificación al que nos estamos preparando con mucho entusiasmo y expectativas”.En relación con su ausencia en estas celebraciones, manifestó: “Tú sabes que no pude participar presencialmente en este septenario debido a tener que estar aislado por contacto estrecho. Estos días estuve rezando por tantos hermanos y hermanas que estuvieron, están y estarán en la misma situación. Al vivirlo uno comprende mejor al que lo padece y se percata de lo que pasa por la mente y la interioridad del aislado, contagiado y de los que cuidan. Las horas se vuelven eternas, los miedos y dudas angustian, la soledad se vuelve cruel, pero están los vecinos, conocidos, amigos y personal de salud que te alientan y se interesan por tu bienestar. El poder rezar con más tiempo y sin apuro me ha hecho mucho bien. La oración y, sobre todo, el estar frente a Jesús sacramentado, serena el espíritu. La celebración de la Santa Misa ofrecida por los enfermos, moribundos y difuntos, reconforta el alma y acerca el cielo a la tierra”. Y agregó: “Todos tus devotos sabemos que estás muy cerca nuestro en estas horas difíciles y que nos acompañas como lo hiciste con tu Hijo Jesús cuando le llegó la hora de padecer, morir y resucitar por nuestra salvación”.
Más adelante, el Obispo dirigiéndose a la Virgen manifestó: “Te pido, desde lo más profundo de mi corazón, que nos consigas de parte de tu Hijo Amado la gracia de tener paciencia, de tratarnos bien los unos a los otros, de confiar más en Dios, de sabernos cuidar al estilo de tu querido esposo san José, de purificar nuestra escala de valores tanto en lo personal como en lo social, de mirarnos cada uno muy adentro y de reconocer aquello que no condice con nuestra dignidad de bautizados para lograr una profunda purificación a la luz de la Palabra de Dios, de la fuerza renovadora de los Sacramentos y del ejercicio de una caridad auténtica”.
“Gracias… Gracias… Gracias, querida Morenita del Valle, por estar y acompañarnos con tu mirada tierna y silenciosa desde tu camarín y desde tantas imágenes que pululan a lo largo y ancho de la provincia y la nación, en nuestros hogares, grutas, caminos, colgantes, mantos, estampas, etc. Con lágrimas en los ojos y con la voz entrecortada me hago eco, una vez más, de tantos y tantas que te invocan y claman por tu soberano auxilio, pues, jamás se oyó decir que alguno que haya recurrido a Ti, haya sido desoído o abandonado. Tú siempre nos alcanzas la gracia que necesitamos, aunque a nosotros nos parezca que nada recibimos. Pero estoy convencido que el mejor regalo que a diario recibimos es tenerte por Madre, Reina e Intercesora ante la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sea la gloria, la gratitud y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén”
Fuente: Texto Prensa Obispado